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Sam Yogini

Hoy cumplo 31 años, me desperté con ganas de pararme de cabeza y así lo hice, el Yoga ha sido mi medicina este último año, no fue uno fácil. El año pasado viví una experiencia fuerte, un ser amado dañó a mi familia y me faltó al respeto, no ha sido fácil para nadie que haya estado involucrado; como consecuencia mi corazón se sintió herido en varias ocasiones, no sabía cómo reaccionar y lo que hice fue protegerme y tomar las decisiones que fueran mejor para sanar mis heridas; con mis decisiones herí, herí porque no hice lo que se esperaba de mí, durante mi corta vida he herido, sin intención de herir, tal vez en plena inconsciencia del daño que estaba haciendo, en fin, he herido y a seres amados. Lo más difícil de herir a alguien que amo sea por una buena o mala decisión, ha sido perdonarme a mí misma.

El camino que llevaba trabajando el perdón estaba lleno de confusiones; algunas veces la lógica y todo mi ser se sentía dispuesto a “perdonar” a mis padres por cualquier daño que pudieran haberme hecho durante mi infancia, como el haberme hecho responsable de mi hermana menor o el haber ignorado un abuso por parte de la pareja de mi madre, por nombrar un par con las cuales me sentía especialmente herida; sin embargo, el creer que estaba lista, el decir que los perdonaba porque entendía el estado mental/emocional en el que ellos se encontraban, no me hacía sentir que hubiera sanado la herida, aunque quería, no lo sentía, sólo estaba menos enojada o me bastaba con entenderlos y respetar sus decisiones. Muchas veces me he sentido frustrada pues sé que la relación con mis padres puede ser mejor y aunque con todo el trabajo que he hecho ha mejorado muchísimo, al observar dentro mío y ser totalmente sincera no sentía lo que es el perdón, ¿qué es el perdón? ¿cómo se siente? me preguntaba, ¿será que es demasiado ególatra pensar que soy ‘alguien’ como para perdonar?

Esta ocasión se me presentó la oportunidad de elegir desde el inicio, elegí perdonar a quien me hirió, hace mucho tiempo que me cansé de guardar resentimientos, así que decidí cambiar desde el comienzo la perspectiva con la que veía las cosas, ¿quién juzga? ¿la mente o el que elige? creo en la fuerza de la elección y los juicios son pensamientos así que puedo elegir, elegí no ser juez, sólo observar y soltar, ahí empezó este caminito del perdón; comprendí en mi corazón, aprendí a ver en mí el amor y abracé al amor, abrí mi corazón y aprendí a perdonar, encontré y entendí que podía aprender mucho más manteniendo vivo este amor, con mi corazón abierto las heridas sanan solas porque hay suficiente amor aquí. 

El trabajo ha consistido en una observación interna, ¿cuál es la realidad conmigo misma? ¿cómo me trato? En el camino, me he encontrado con más necesidad de perdonarme a mí misma de lo que creía, empezando por el daño que les hice a mis seres queridos, muchas veces sin darme cuenta; como cuando, a mis 15 años, estuve sin llamarle a mi madre por meses, ella sabía que andaba viajando de aventón y estaba preocupada, nunca pensé en llamarle porque estaba inmersa en mi experiencia y cuando menos me di cuenta, el tiempo ya había pasado, al llamarle ella lloraba y hasta ese momento fue que pensé en sus sentimientos, ahora comprendo que es porque en el ‘caparazón’ de defensa que creé para que otros no me lastimaran cuando creía que estaba sola y el mundo sólo quería herirme, no existía la empatía como filtro, fui una niña herida que sólo confiaba en sí misma. 

La práctica de Yoga y la meditación han ido de la mano en este camino, abrazo mi práctica y me agradezco cada vez que regreso al mat, agradezco a mi abuela, mi maestra, a todos mis maestros, agradezco a la vida un día más y el haberme mostrado el camino del perdón, he comenzado a trabajar en lo que más me ha dañado, lo que me he hecho a mí misma, como el privarme de sentimientos profundos para no salir herida, entre ellos, el mismo perdón. ¿Qué es el perdón? Sólo lo podría describir como un cálido abrazo propio en el corazón, como el amor. Y como observadora de esta experiencia hoy elijo el amor, elijo seguir este camino de la transformación, de aprendizajes, la vida me ha regalado aprendizajes; elijo abrazarlos y embarcarme un día más en esta maravillosa realidad en la tierra, conociéndome y amándome en el camino. 

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